domingo, 28 de mayo de 2017

MORIR POR LA BELLEZA

La poesía de Emily Dickinson





En apariencia sin sorpresa
para la flor feliz, 
el hielo, jugando, la decapita
valiéndose de su momentáneo poder.
El rubio asesino prosigue,
el sol avanza sin conmoverse
a medir otro día, 
para un Dios que lo aprueba.







Morí por la Belleza -mas apenas
en la tumba me había acomodado
cuando Otro, que murió por la Verdad,
vino a ocupar la habitación de al lado-

"Por qué moriste", preguntó con suavidad,
"por la Belleza", contesté-
"Y yo -lo que es lo mismo- morí por la Verdad
-somos hermanos", concluyó-

Y así, como Parientes reunidos por la sombra-
hablamos desde nuestros cuartos respectivos-
hasta que el musgo nos tapó la boca-
y cubrió- nuestros nombres.






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