MI RINCÓN POÉTICO

TU ABRAZO

Autor-Safec Zec
Si tuviera una casa con porche y un jardín,
si fuera mayo,
si tu fueras la flor que siempre has sido, y yo tu jardinera
adoptaría un perro de ojos azabache: atentos
un perro de orejas grandes
que supiera guardar secretos,
que le gustara el banjo y la música country,
sentarse en la escalera del porche
para mirar el encendido de luces del cielo:
anocheciendo la tarde;

contigo en mi regazo,
y en el tuyo, el morro del perro.

Cuando yo era primavera y tu flor de pitimini
salíamos al jardín en la noche,
ya entonces me pedías un perro. . .

Fuiste creciendo como cauce de rio
que ensancha y riega cultivos viejos.

Muchos nombres te llamamos:
estrella,
princesa,
gorrión,
bombón,
compota de frambuesa,
presa, de este corazón gastado de tanto uso:
el que ahora se acelera y frena sin causa ni secuencia.

Todos los nombres te merecieron:
hasta el de trucha,
        ¡nos mira sorprendido el perro!
Le contaríamos tus correrías por mi cuerpo
hasta alcanzar la mejilla para darme un beso
y en su lugar, dejabas un furtivo lengüetazo
-nuestro beso trucho- ¿te acuerdas?
Brincabas huyendo como un ladronzuelo,
entre carcajadas y prisas
y yo tras de ti me arrancaba tensa como flecha 
para vengar el húmedo beso.

Ahora que te crecen las alas,
y que sólo te encaramas a mi cuello
para abrigarlo con tu abrazo.
Siento que no importa el mes
ni el día
ni la estación del año,
ni que otras fronteras te habiten
ni que te cobije otro techo
ni siquiera que otras manos acaricien tu pelo negro;
Aunque nos duela no estar en primera fila de tu vida,
cuando el avión aterriza
y salimos a tu encuentro,
nos decimos para adentro:
       ¡ya está aquí la primavera!

Tus ganas de vernos,
de contarnos
de medirte cuerpo a cuerpo en cada reencuentro
de tu beso a mi beso:
ni tu casi te aupas, ni yo apenas me agacho. 
Tu contagiosa alegría floreciendo todo el año.
Ese  abrazo tuyo que se enrosca a mi cuello
cómo verde enredadera.
No hay flor que luzca tanto, ni brazos para mi cuello
que me gusten más que tus abrazos.

¡Debieron llamarte Mayo!

Elena Larruy





El nacimiento de Sira

¡Dios mío¡ te tengo.
Humeando en mis brazos tu cuerpo:
sagrado momento.
Pequeña, perfecta.
Campanas  vuelan en mi pecho.
Tu boca rastrea la fuente,
la mía gotea,
Amorosos mis labios, te encuentran.

                               Elena Larruy



VIVO EN LO MÁS ALTO


Con mis pedazos construyo edificios elevados y bellos.
Los habito en la parte alta,
 justo en la distancia que más me aleja del suelo, del ruido, del asfalto.
Me gusta la ciudad, allá abajo,
 desde la quietud que me proporciona su distancia al cielo.
En el carril de los pájaros, cigüeñas con encargos vuelan,
nubes descargando piedra,
aviones que dejan estelas.
 Hasta mi terraza llegan verdeando y floreciendo jazmines y pensamientos: como robados.
Y me encuentro...Y existo... Y amanezco: 
allá arriba, en lo más elevado
 del silencio


Hope Gangloff
Abajo quedan las nostalgias,
los pensamientos,
los pasos cansados,
las máscaras  que visten  miedos.
A solas  existo,
 como flor inalcanzable del árbol,
suspendida,
atardeciendo: serena.
Pronto seré manzana
 estrella,
 de nuevo árbol.

Elena Larruy










TENGO PARA GOZAR


Tengo para gozar...

las madrugadas,
muy tempranas,

cuando abandono nuestra cama

y retomo el verso a medio hacer,
 -como tú-

entre atrezzos y velados telones anda:

la palabra,

el vocablo,

tu diminuto cuerpo.

Sujetos y verbos persiguiendo predicados,

el aroma del primer café,
pacientes adjetivos, 

puntos arrepentidos,

el olor a pan caliente: recién horneado,
 las insumisas comas,

que en sus respíros

 confían en las musas,

o en la dulce confitura  de  fresa,
 o tal vez sea el rayo
  el que ilumine la escena, 

donde por fin

podáis descansar tú y el poema.


Y mientras deshojo febrero
hoja a hoja,
entre compotas, cafés, versos y pan tostado,
pensando en ti
rogando a los días que no se entretengan,
me encuentra marzo.

Tengo para gozar la compañía 
del que descansa a mi lado:
territorio acotado,
 más señalizado  que aventurero,
sin antojos ni atajos,
geográfico,
guerrero,
curioso,
eterno aprendiz de todo,
por ese paisaje es por donde yo ando,
más fiera que mansa,
esperando mayo.

Y en los días de llanto tomo la presa de tu espalda.

¡Cuántos puertos compañero,
cuántos asaltos,
cuántos miedos,
cuánto sembrado,
cuántos cuidados,
cuántos caminos andados,
cuántos cuantos!

Y de esa siembra de antaño,
de su fruto,
 otra vida nacerá
a mediados de mayo.

Tengo para gozar las flores de primavera, 
de entre  mis preferidas
dos son las que en tierra húmeda se cultivan 
esperando su hora, 
y las peonias.

Tengo para celebrar
esta juventud
 que viene de muy lejos,
lo saben las mimosas
que me encuentran cada febrero floreciendo,
 retomando mis pasos:
ligera,
sin nostalgias ni amuletos,
ni  carga alguna para estos brazos,
que dueña tendrán en mayo.

Y para tu gozo, mi amado, tengo  este cuerpo,
que atardece con el tuyo:
aventurero,
artista,
 que  vuela con su cola de sirena,
y es de agua,
y de fuego.

Refugio seguro
donde amarras tus garras fieras
después de la batalla.

Y en mi claustro: un jardín,
en el que cultivo saguaros y poemas para ti,
para mí,
para ella,
para mis penas,
las que en noche oscura
y en todas las otras lunas,
tienen tus abrazos.

Tengo para gozar
esta voz  dormida,
que abrirá su jaula en tu presencia
para vestirse de arrullos.

Quedan pocos amaneceres sin ti,

     los versos gestando
 se agitan impacientes,
 verbos y predicados ya se encontraron,
felices adjetivos se unieron
conformando el verso,
deseoso de salir a tu encuentro.

Las fértiles aguas de abril a punto de desbordarse están,
pronto,
ya muy pronto, alumbrará mayo.

Tengo para gozar
 el pensamiento puesto en la primera vez que te envuelvan mis brazos,
debo poner cuidado,
aún no sabré si tu vuelo es de sirena o de paloma.
Mi corazón pegadito al tuyo
batirá con el alboroto del  perro que recibe a su amo.

Yo entonces ajustaré con ternura mi mejilla a la tuya,
y a tu oído atento,
con voz queda,
te cantaré el poema ya acabado
el que ahora te avanzo:

Voy a quererte siempre mi pequeña,
porque traes a nuestra casa inocencia y pureza,
¡que anda tan escasa!

Traes todos los colores de la dicha,
 todos los matices del gozo,
en todos sus soles y en todas sus noches
te voy a querer.

Entre metáfora y verso,
en las alegrías y en las tristezas,
en la salud y en la enfermedad,
en todas las existencias
te voy a querer.

En todas las madrugadas,
 cuando deje la cama del otro que te ama,
y me prepare café
para tantos poemas que hay por hacer,

en todos los principios,
en los intermedios
y en todos los finales,

en los silencios de todas las estaciones,

en todas las primaveras,
en sus entreactos mi pequeña:
te voy a querer,

de mayo a mayo.

Elena Larruy







LA DIVINIDAD EN EL ARTE

No se puede buscar a Dios desde la interpretación intelectual: ahí no habita, o si lo hace solo está de paso. Vive entre líneas y espacios ocultos a la lógica de un razonamiento.

La divinidad existe en todo proceso creativo,  y se percibe desde un estado de silencio y armonía con una una mente aquietada, conectada a una red pacífica y amorosa. Desde ese escenario se   puede sentir la atmósfera y pulsión con lo divino.

Cuando me recojo en mi escritura  como hago ahora, la estoy sintiendo. Antes he dejado fuera mis preocupaciones. Me siento fresca y  ligera, como una mañana temprana de Mayo. Mi corazón aquietado, es como el lecho del río, que se deja acariciar; como su vereda, por donde fluyen mansos los pensamientos. Nada me detiene ni  sujeta. Si no lo impido, con el forcejeo de mis pensamientos, permito que todo suceda  de manera natural. Estoy en presencia de lo divino. Y desde ese estado de gozo y serenidad acontece la experiencia inconfundible, genuina, auténtica.

Yo puedo percibir a Dios contemplando un cuadro de Modigliani, en un insignificante gesto de cariño, mirando la luna llena de de San Juan,  acariciando la melena de  mi nieta -son su cabeza apoyada en mi regazo-  mientras miramos juntas una película. Lo puedo sentir abstraída en un bosque de hayas, bañada de los amarillos y rojos de otoño, o entre los rayos de sol que se cuelan por los entrehilos de la cortina colgada en la habitación en la que me encuentro, donde cuelgo la mirada que nada ve.
Aurelio Huguet

Cuando no  juzgo y  logro frenar el torrente de pensamientos que me invaden, también puedo  oírlo. ¿Y quién es él? nos preguntamos a menudo. Me temo que más  que menos veces  Dios es una creencia heredada: no cuestionada, sujeta a dictados, ritos y conductas perfectamente  orquestadas. Para cada uno de nosotros  es algo diferente; cada cual lo interpreta y viste con el hábito que más se le  parece, por cultura y formación; se  le pone alas, cetros, coronas, intenciones, palabras robadas, credos, dogmas (…)  Este no es mi Dios.

Mi Dios se expresa cuando vibro en un sentimiento de perfección y amor, cuando no temo, cuando me reconozco en los otros, cuando llevo dibujada en mi cara una sonrisa limpia, cuando "siento la pureza" -sin interpretaciones-, cuando no necesito defender ni justificar  mi verdad, cuando para quererme me sobran los intermediarios, cuando yo misma soy el prójimo.

Desde ese sentimiento de perfección que describo,  construyo y creo. Y  sucede que cuando  coloreo el lienzo, anoto en la partitura, o dibujo la estructura de un boceto  que busca el equilibrio, estoy impregnando de belleza y sensibilidad la obra creativa, la que más tarde compartiré con los otros para ser sentida, observada y disfrutada.

Es en ese proceso de alumbramiento creativo “musical” donde la letra: la mente organizada, con la música: el espíritu intuitivo, se confabulan para dar lo mejor de sí, la esencia de lo divino.

El arte en todas sus facetas nos  ayuda a entendernos y acercarnos a los otros -la comunión-. En cualquier manifestación de arte hay belleza, la veamos o no. El arte y la creación  se construyen de la mano de Dios. Su paraíso siempre está a nuestro alcance.

                                                                                                                                            Elena Larruy






A DIFERENCIA DE AYER


Imagen Rafel Olbinski


Tengo mis ventanas abiertas


Nunca somos del todo libres. Aun cuando lo creemos, nuestros pensamientos están condicionados, contaminados, o tienen dueño. Cuando se ha vivido en plenitud, de manera intensa, -no necesariamente en la madurez- uno se percata de como funciona el entramado de este gran teatro que es la vida, donde todos somos actores y espectadores. ¿Cuando somos más nosotros? En los ensayos, cuando nadie nos ve, detrás del telón. Cuando se abren las luces y se corren las cortinas nos ponemos las caretas que nos facilitan los que nos pagan, la sonrisa que lo pone todo más fácil -solo en apariencia- el chaleco anti balas -haya o no cazadores o propósito de ser cazados- el vestuario que mejor nos define en cada una de las escenas. El guión bien estudiado para mostrar seguridad y confianza.


Cuando despertamos a esa realidad y nuestra economía nos lo permite, dibujamos ventanales y puertas en las paredes de nuestras jaulas para salir y entrar y creernos libres, pero en realidad nuestras alas, aunque saben volar, están atrofiadas, y viejas, nuestra mente está confusa y empequeñecida -como la cabeza de un jíbaro- . Pero hoy a diferencia de ayer: hoy soy pintor y puedo pintar del color que quiera mi casa, entrar y salir de ella cuando me venga en gana, perderme e incluso ¿no regresar?.



Elena Larruy









                                         DESNUDA LA TRISTEZA


CATRIN WELZ-STEIN


Muchas veces la desesperanza se viste de escarcha,
de espuma,
de hoja seca
y es que hay un traje para cada tristeza,

pero a mi me gusta desnuda,

 la que como la piel muda.

Pese a toda predicción y calculo
una cosa sí es cierta:
que en todas las estaciones hay una primavera.

elena larruy












LOS ASUSTADOS



             
   NO ESPERES QUE NADIE ENTIENDA TU MANERA EXTRAÑA DE     DESPLEGARTE.

ELLOS:  LOS SUSPENDIDOS,  LOS NADIE, LOS DE CAMINAR ASUSTADO, NO PASAN DE ORUGAS.

                                                        Elena Larruy

























LA SIRENA DE MARC CHAGALL





Yo casi siempre estoy afuera,


como fuera de mí.


Vivo entre nubes blancas viajeras, -a veces-


y otras, acomodada bajo el ala de una cigüeña:


¡me gusta su olor a vida recién estrenada!






Una vez tuve un padre,


ahora soy huérfana.


Nací de sus sueños,


de su magia,


de entre sus manos


¡me echó a volar!: con sus pinceles,


como ángel salido de un océano.






No conozco mi nombre,


no tengo alas,


ni piernas,


ni casa que habitar,


pero sí una gran cola de plumas y escamas


que en las noches vuela sobre la bahía,


¡por eso siempre estoy afuera!


¡tan afuera!






No esperes encontrar más techo protector que el ala de tu cigüeña: me dijo la luna.


Yo soy tu madre: la redonda, la llena


la que custodia tu sonrisa


la que te alumbra en la noche para que no te pierdas.


Cuando yo no estoy, te dejo a cargo de las estrellas.


¡en ningún otro hogar se te espera!






Oye luna fecunda… antes de irte,


¿sabes por qué mi padre me pintó sirena y no colibrí?


¿por ser hija de un sueño quizás?...


¿sabes cómo me llamo?






Y ese ramo de rosas y azucenas que puso en mis manos…


¿era para ti? ¿o para el colibrí que no fui?






El rojo volcán de tu pelo,


lo pinto de tierra y fuego,


de aire cubrió tu vuelo desnudo,


de plata océano, y olas de espuma te dibujó sirena.


Te concibió para habitar en mil universos


por eso no te hizo estatua,


por eso no tienes piernas, ni casa, ni dueño.


¡Por eso vives afuera!


Porqué una eternidad antes ya viviste adentro.






Por siempre serás su amada sirena: la nuestra


Ah!


Y tú nombre… como el mío: es Bella.






Elena Larruy







NILO






Cuando era pequeño Nilo me regalaba la mejor de sus sonrisas, al verme aparecer tras la verja de la escuela se lanzaba a mis brazos, y los dos nos fundíamos en un gran abrazo. Cada miércoles nos recogíamos el uno al otro, yo a él del colegio y el a mí de mi soledad. Esas tardes las llenábamos de juegos, complicidad y cariño.

Yo escribía relatos y cuentos  para él, que me escuchaba con aparente atención descuidada. Las lecturas le planteaban  preguntas y  más  preguntas que  procuraba responder como sabía o podía, pues su afán de  curiosidad  me ponía en encrucijadas de difícil salida. Descubrí con sorpresa, el gozo que estos retos me producían, ¡a mis años!  Y el esfuerzo que debía hacer para estar a la altura de una mente ¡tan despierta y brillante!        

De  camino a casa hacíamos un alto en un pequeño parque algo escondido, donde dejaba que  consumiera su inagotable energía: la verdad es que solo la aligeraba. Entonces Nilo me reclamaba la  historia que yo traía para él.

Hacía pocos días que había sido  mi cumpleaños. Llevaba conmigo una bolsa  que contenía una caja con el regalo que su madre me había hecho, y que esa tarde tenía especial significado. El propósito era tirarla al contenedor del parque, pues habíamos pactado  desprendernos de objetos y cosas que no nos fueran de utilidad o que de alguna manera nos molestaran. Se trataba en cuestión de  enseñarle a reflexionar, de una forma lúdica, el espacio que ocupaba en nuestros armarios y en nuestras vidas todo aquello que no nos servía.

Esas zapatillas afelpadas a cuadros azules eran ofensivas, producían en mi el mismo efecto que si me hubieran regalado una dentadura postiza, y lo peor no era eso, no, lo peor era que  se trataba de  las mismas zapatillas que me había regalado por segundo año mi nuera, o sea su  madre: a mí  que ¡aún tenía restos de acné en la cara!  Le expliqué a mi nieto, de corrida y con  el disimulo que pude   que me producían urticaria, lo que desencadenó en él una cascada de preguntas que esta vez atajé hábilmente, no sin antes enredarme entre el picor y el desazón. No sé que debió entender su resuelta cabecita, la cuestión es qué relacionó mi propósito con el suyo y al hilo de la conversación sin dejar que acabara mi exposición, me soltó que su decisión también estaba tomada, que el tiraba a Ferrán,  Ah! y también la tabla del ocho!  concluyó.

Y es que ese día Nilo salió de la escuela con la firme decisión de tirar contenedor abajo a su profesor de matemáticas, por haberle amonestado “injustamente” (repetía) durante la clase: porqué ¡ya deberías tener aprendida la tabla del ocho  de corrida! ¡Y no equivocarte siempre en el ocho por nueve!

Aproveché su momento de enfado para soltar mi caja  en la hambrienta boca del basurero. Cuando le advertí del error que cometía, quiso tirar también la tabla del nueve ¡por si acaso! dijo.  Así que esa tarde fue muy importante para mí explicarle por qué era más inteligente y útil aprender la tabla del ocho que tirar contenedor abajo a Ferrán.

Yo dejé para más tarde la  reflexión sobre mi rabia contenida,   de la que me iba a costar desprenderme.

Sabes Nilo cuantos años cumplí hace unos días le pregunté? Sí abuelo, me acuerdo por las velas del pastel: setenta y dos. Pues eso es, justo, ocho por nueve: setenta y dos. Ostras abuelo! si, si, ya no se me va a olvidar nunca. Genial abuelo!, te quiero!

Bien; te propongo un trato: hacerle un regalo a tu profesor de matemáticas.


Porqué abuelo? Que regalo?

Yo te ayudo a que te aprendas la tabla del nueve y mañana tu cuando llegues a clase le pides disculpas por tu comportamiento de ayer y le dedicas la tabla y también la del ocho. Se sentirá orgulloso de tu esfuerzo, te felicitará  y el tema quedará zanjado. De acuerdo abuelo. ¿Y tu caja? Se percató en ese instante. Ya la tiré hijo! Entonces le diré a mamá que compre otras zapatillas para ti. Noooo, no Nilo, no. Muchas gracias, pero estar contigo es para mí el mejor regalo que podéis hacerme tú y tu madre. Sabes? Cuando vivía tu abuela y llegaba mi cumpleaños, ella me dejaba pequeñas notas en cajitas que escondía por la casa y que yo iba encontrando y descubriendo a lo largo del día, y  decían cosas como: me gustas cuando ríes! cuando disimulas y montas estrategias que nos favorecen!  cuando concilias nuestras peleas, cuando nos dices que te sientes orgulloso de tu familia, de nuestras hazañas, de mi curiosidad por todo! Otras veces los mensajes quedaban escritos en los espejos del baño o en la lista de la compra que teníamos colgada en la nevera… y escribía: gracias por dejarte querer, por las infusiones de tomillo que preparas para mi, cuando estoy en cama, mil gracias por decirme tantas veces como me dices, lo que te gusta de mi, por tu atenta curiosidad por todo, por quererme cuando estoy triste, hay ¡tantas cosas que me gustan de ti! que no puedo evitar quererte y quererte.

Se me ocurre una cosa abuelo! Te gustaría que yo también escribiera cosas para ti y jugáramos a que tú las encuentras. Me encantaría, sí. Será un secreto, nuestro secreto, solo nosotros deberemos saberlo. 

Y cuando empezaremos Nilo?


Abueeeeeelo! Pues para cuando cumplas ocho por nueve más uno!

Sabías que el setenta y tres es un número primo?

Eso significa que es familia del setenta y dos?

Bueno pues siiii, en cierta manera, quiero decir que familia, familia, pues puede que sí! No, no quiero decir eso, lo que realmente significa es otra cosa. Y que otra cosa quiere decir? 



No sé bien como explicártelo.



No te preocupes, le preguntaré a mamá. Papá siempre dice de ella que tiene todas las respuestas, y no sé porqué la llama gugle, gogel o gugel… ufff! no se…

¿Lo sabes tu, abuelo? 
                                                                                                                             elena larruy








ÉL, SOLO ÉL



Fernando Botero
Tuve mi primer encuentro íntimo a edad algo avanzada.
Me resistí, y no por casta, me sobraban ganas.
Lo elegí detenidamente, a la carta, sabía lo que quería, y me aseguré muy bien de que yo también le gustara.
Me dejé atrapar de su natural encanto, su tono seductor, su color bronceado.
Lo deseaba!
Y no tardé en entregarme: más en cuerpo que en alma.
Pero Marcelo mi gato, no confiaba..., huía despavorido cuando él se asomaba.
      
Se desveló osadamente transgresor. Uhhmmm!!! … Sí, me apasionaba!

Pero muy a mi pesar no tardé en descubrír que no estaba hecho para ataduras ni relaciones largas.
!Con una vez al mes que nos veamos será suficiente, ya verás! confia en mi, me dijo. 
¡¡¡UNA VEZ AL MES!!! 
Estaba taaaan necesitada! que me sometí a sus designios.
Insistía en quererle más y más, y a la vez me preguntaba, ¿Cómo era posible semejante pleitesia? 
A nadie pertenecía pero él sí las atrapaba y poseía, a todas: rubias listas, morenas bobas, dulces y sumisas, listas, locas... A todas había conquistado, y en todas dejaba huella; todas… menos las calvas, con esas no quería tratos: le resbalaban.
Entregada como el  lienzo al pincel me sometí a sus caprichosos juegos  "una vez al mes", que me trasformaban en otra. Rejuvenecía por momentos… Dios, pero que bien me dejaba!
Y como lo necesitaba!
¿Qué podía hacer?
Nada!!!
Irremediablemente, nada.
Él...... nadie como él, coloreaba mis blancas canas.
¡EL TINTE!... sí, él.
Solo él, fue mi salvación.

Elena Larruy







AHORA QUE ESTOY MÁS DELGADA


AHORA QUE ESTOY MÁS DELGADA
QUE APRENDÍ A TENER LA BOCA CERRADA: 
 HASTA PARA COMER
AHORA QUE HASTA ME CRECEN LAS PESTAÑAS Y ME SALE ACNÉ EN LA CARA
QUE MIS TRISTEZAS FLUYEN EXITOSAS EN UN ALMA HIDRATADA          ANEGADA  A VECES,     PERO SANA
AHORA  QUE DISFRUTO DOBLANDO TOALLAS AL PIE DE LA CAMA,  O PELANDO VAINAS  EN EL PORCHE DE MI CASA,                  SIN ESPERAR NADA,              NADA        
A TI MUNDO YA TE PERDONÉ,  O QUIZÁS,  SOLO TE ENTENDÍ?     QUÉ MÁS DA YA,
DEBUSSY ME CALMA
PERO AHORA    ¿SABES?    CON BACH  ESPANTO  LAS VERGÜENZAS,   POCO O NADA ME IMPORTA LO RARA QUE SOY A OTRAS MIRADAS
AHORA  QUE SÉ QUE ESTOY CRECIENDO,          Y LEO POESÍA MIENTRAS CHOPIN ME ACOMPAÑA.     ME GUSTA SENTIRME  ARTISTA,  ILUSIONISTA,    ILUSIONADA…
TAMBIÉN  SOY INGENIERA,   CONSTRUYO CAMINOS SIN FRONTERAS, AUTOPISTAS SIN PEAJE, VÍAS PACÍFICAS   POR DONDE TRANSITAR SERENA, VIVA, DESCALZA,  DESPIERTA, ATENTA
Y CON ESTOS OJOS VERDE ESMERALDA Y MIS GRANDES PESTAÑAS,   PUEDO FIJARME EN EL ESPEJO       Y VER A LA  BELLA,  A LA JOVEN,   A LA DELGADA,           SIN APARTAR LA MIRADA,
Y TAMBIÉN  A LA EMBUSTERA, A LA CAUTA, A LA INVISIBLE, A LA ASTUTA,   A LA VERDADERA…                                                                         
A LA  NIÑA ATRAPADA, HERIDA, A LA MUJER VALIENTE, ALGO  DESGASTADA,  A LA QUE FUE, A LA QUE QUIERE SER,         LA QUE ES A VECES       Y OTRA ES NADA
FIRMES Y AJUNTADITAS MIS CARNES, EN MI CINTURITA AVISPADA Y EN MI  NUEVA TALLA
 AHORA  QUE SOY MAS JOVEN QUE AYER,     AHORA QUE ESTOY MAS DELGADA,
 NI YA  TRAGO  SAPOS NI REGATEO CON   BÁSCULAS
SOLO AHORA DIGO Y HAGO,      COPIO,         CORTO Y PEGO CUANTO  ME VIENE EN GANA.
POR ESO ¡ES  MÁS LIGERA MI CARGA!      ¡AHORA QUE TENGO 54 Y ESTOY muuuy delgada!

Elena Larruy



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